Extracto de la Biografía Sexual de una paciente:
30 años, en pareja, un hijo y llega diagnosticada por vaginismo, vulvodinia y pérdida del deseo sexual.

“Los problemas empezaron cuando llevábamos un año recién… se suman muchas cosas: mucho dolor – constante – hacerlo sin querer varias veces… lo hacía aunque no quisiera y fingía mucho porque tenía mucho miedo de ser como mi papá (una de las razones de la separación de sus padres fue la insatisfacción de su madre ante el bajo deseo sexual de él) porque quería ser normal, porque quería que Pablo estuviera feliz.
El problema es que llegó a un punto en el que de verdad ya no tenía ganas y me repelía tener sexo. Creo que si pudiese encontrar una palabra que definiera ese desagrado es “asco”. Es horrible sentir esto… ¿Por qué si yo lo amo tanto? ¿Por qué si él me atrae de tantas maneras?”

La ISSVD (International Society for Study of Vulvovaginal Diseases) ha definido a la vulvodinia como “malestar crónico vulvar, que se caracteriza por ardor, picazón, irritación o sensación de “carne viva”, en ausencia de hallazgos visibles, clínicamente identificables, patología neurológica o infección de la piel”.

Ante la exposición repetida al dolor de la paciente y a modo de respuesta involuntaria y aprendida, se generó una contracción involuntaria del tercio externo de la vagina, pelvis y muslos (cuadro conocido como vaginismo) ante el intento o posibilidad de penetración.
Frente a este escenario, la pérdida del deseo sexual e incluso la aversión a un encuentro, podría considerarse bastante lógica ya que cualquier posibilidad de cercanía erótica inevitablemente termina en dolor y por ende, mucha frustración.

El tratamiento TIENE que ser multidisciplinario contemplando Ginecólog@, Kinesiólog@ y Psicólog@ que específicamente se dedique al tema sexual.

*Nombres son ficticios. Hay autorización por parte de la paciente de compartir su experiencia con el fin de ayudar a otras mujeres que pasen por lo mismo.

© 2019 Nerea de Ugarte López